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jueves, 29 de diciembre de 2016

El Tarot de Carlos VI

En vista de la aceptación que están teniendo las entradas del blog dedicadas a los mazos más antiguos de Tarot, a ésos que llamamos “de museo”, vamos a ofreceros un nuevo ejemplo de este tipo.

UN ENIGMA CENTENARIO

Este Tarot es una de las barajas más antiguas y fascinantes. Aunque son dignas de un rey, estas cartas no fueron pintadas para el rey de Francia, Carlos VI, como se creyó durante años, sino para un noble italiano que pertenecía a la familia d’Este, de Ferrara.

En 1711 el noble francés Roger de Gaignères regaló al Rey Sol, Luis XIV, una serie de 17 cartas auténticamente espléndidas, pintadas al temple sobre papel de varias capas y recubiertas por una fina lámina de oro decorada al punzón con delicados motivos de sarmientos floridos.

Las cartas eran el Loco, el Emperador, el Papa, los Enamorados, el Carro, la Justicia, el Ermitaño, la Fuerza, el Colgado, la Muerte, la Templanza, la Torre, la Luna, el Sol, el Juicio, el Mundo y, curiosamente, la Sota de Espadas.

El Tarot de Carlos VI


Roger de Gaignéres no sabía de dónde procedían estas cartas, heredadas de un antepasado suyo. La colección pasó después al patrimonio de la Bibliothèque Nationale de París, que durante la época napoleónica adquirió gran parte de las obras encuadernadas y en papel pertenecientes a la familia real, depuesta durante la Revolución Francesa.



LAS CARTAS GRINGONNEUR

En el año 1842 el coleccionista francés M.C. Leber identificó estas cartas como los restos de un mazo de Tarot y planteó la hipótesis de que procedieran de una de las barajas pintadas por Jacquemin Gringonneur en 1392 para el rey de Francia Carlos VI (1368-1422).

Esta hipótesis se basaba en el hecho de que en el libro de contabilidad de Charles Poupart, tesorero del rey, en el año 1392 se cita el pago de 56 monedas parisinas por tres barajas de cartas de oro con diversos colores y emblemas.

Ahora bien, surge la pregunta ¿qué es lo que relaciona las cartas doradas de la Bibliothèque Nationale con las citadas en el libro de contabilidad del siglo XIV? De hecho, en 1869 un estudioso algo más avispado que Leber, Romain Merlin, puso en duda la hipótesis de su predecesor, pero sin aportar ninguna otra solución. De este modo, las cartas siguieron siendo identificadas como “Tarot de Carlos VI”, incluso por los estudiosos que en tiempos posteriores intentaron averiguar su auténtico origen.



RESOLVIENDO EL ENIGMA

En 1906 Henry René d’Allemagne atributó las 17 cartas a un taller veneciano de principios del siglo XV. Durante mucho tiempo se dio crédito al autorizado historiador francés, pero en 1967 otro estudioso francés, Yves Klein, especialista en el arte de la miniatura, después de una investigación mucho más profunda que las anteriores, negó toda relación del Tarot de Carlos VI con la tradición veneciana, representada por unas pocas cartas conservadas en el Museo Correr de Venecia, y también con la tradición milanesa, muy famosa gracias a la baraja de los Visconti y también la de los Sforza de la que ya hemos hablado en este blog.

Además Klein hizo notar numerosas semejanzas con los restos de una baraja de Tarot del siglo XV, seguramente de Ferrara, que hoy se conserva en Sicilia, en el Museo de Castell’Ursino de Catania.

En los años siguientes, un ilustre profesor de lógica de Oxford, Michael Dummett, muy interesado por los juegos de cartas, siguió las intuiciones de Klein y, comparando las cartas de París con las de Catania, afirmó que la semejanza de las ilustraciones y de los adornos demustra que, sin lugar a dudas, el Tarot de Carlos VI fue pintado en Ferrar para la familia d’Este. El enigma fue resuelto finalmente más de dos siglos después de que empezara.


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