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lunes, 22 de agosto de 2016

Cartografía y Geografía en la Antigüedad

Mundo moderno y Sabiduría antigua. Parte X


Retomamos esta serie de nuestro blog en que la mostramos cómo los pueblos antiguos tenían un conocimiento muy superior al que hubo en Europa durante siglos. En esta ocasión nos vamos a centrar en los precisos detalles que los pueblos antiguos tenían sobre Cartografía y Geografía en unas épocas en que estas ciencias no existían como tal.
  
El ateniense Flavio Filostrato (175-249 de nuestra era) dejó escrito en su libro Vida de Apolonio de Tiana este intrigante párrafo: “Si se considera la tierra firme en relación con toda la masa de las aguas, podemos estar seguros de que la tierra es la menor de los dos”.  Esta sencilla afirmación prueba el insospechado conocimiento de Geografía que existía en la Antigüedad.

Apolonio de Tiana


Si los antiguos fenicios, cretenses o griegos no habían cruzado el Atlántico o el Pacífico, ¿cómo podían saber que en efecto nuestro planeta Tierra está mayoritariamente cubierto por agua?

Platón debió de tener información sobre la existencia de otros continentes y sobre el gran tamaño de nuestro Globo. En su obra Fedón afirma que el pueblo mediterráneo ocupa “sólo una pequeña porción de la Tierra”.
En el siglo I antes de J.C. el geógrafo Estrabón escribió “Al lado del mundo que habitamos, deben de existir uno o más mundos poblados por seres distintos de nosotros”. Y añadía que si el paralelo de Atenas se extendía hacia Occidente, cruzando el Atlántico, estas otras razas podrían vivir allí en una zona templada. Es una más que clara alusión al continente americano.
Sin embargo, en tiempos de Colón todo el mundo creía que la Tierra era plana y que la Pinta, la Niña y la Santa María caerían por el borde de este plano si navegaban hasta el límite del mismo.
Es fácil comprender que el conocimiento sobre Geografía de los pueblos antiguos era netamente superior al de los europeos del siglo XV.

Herodoto nos narra que Aristágoras, gobernante de Mileto en el año 500 antes de J.C., poseía una tablilla de bronce en la que estaban grabados los mares y las tierras. Puede que éste sea uno de los mapas más antiguos, si obviamos las tablillas cifradas de los babilonios.
Únicamente si los pueblos antiguos hubieran explorado lugares lejanos podrían haberlos descrito con tanta precisión. Piteas de Marsella (330 antes de J.C.), geógrafo y astrónomo, navegó hasta el círculo polar ártico por el Atlántico, y nos ofreció una explicación científica del sol de medianoche.

¿Tenían los sabios antiguos conocimiento de la existencia de América? Una confirmación más sobre este punto la podemos encontrar en la obra Medea, del gran Séneca (siglo I de nuestra era):
Vendrá un tiempo
en que las ligaduras del océano
se desatarán,
y la vasta Tierra se revelará.
Otro Tifis descubrirá nuevos mundos,
y se contemplarán tierras más allá de Thule.

Nuevas tierras más allá de Thule (Islandia) no puede ser otra cosa que Groenlandia y Norteamérica. Tifis era el piloto de la legendaria embarcación Argos, con la que Jasón y los Argonautas fueron en busca del Vellocino de Oro.

En el Timeo de Platón (siglo V antes de J.C.) escribía sobre América y el océano Atlántico: “En aquellos días, el Atlántico era navegable desde una isla situada al oeste de los estrechos que vosotros llamáis las Columnas de Hércules; desde ella podían alcanzarse otras islas, y desde éstas era factible pasar al continente que había frente a ellas y que circunda el verdadero océano”.

Columnas de Hércules
Columnas de Hércules


Ahí tenemos la descripción de que más allá del estrecho de Gibraltar (Columnas de Hércules), las islas Canarias y las Azores, atravesando el océano Atlántico, hay un continente que sólo puede ser América.

El Vishnu Purana, libro sagrado de la India, contiene un significativo pasaje sobre un Pushkar (continente) con dos Varshas (tierras) que hay a los pies de Meru (polo norte). Dicho continente está frente a Kshira (un océano de leche), y las dos tierras tienen forma de arco. ¿Insensatez? ¿Delirios mitológicos? ¡No! El texto hace referencia al continente de América (Pushkar) con sus dos divisiones de tierra, Norte y Sur (las dos Varshas). América en verdad está situado en frente al océano polar (océano de leche), y el perfil del continente en su conjunto se parece a un arco.
Este pasaje del libro sagrado de los brahmanes nos hace preguntarnos ¿de dónde obtuvieron la información sobre América y su forma exacta desde Groenlandia hasta la Patagonia? La exploración geográfica, in situ, implica necesariamente medios de transporte adecuados e instrumental preciso; pero la civilización de la India no tenía navíos capaces de navegar océanos 1.500 años antes de Colón. Aquí tenemos otro misterio sin resolver de la Historia de la Ciencia.

Un antiguo libro tibetano de la secta Bon contiene un gráfico muy extraño. Es un mosaico de cuadrados y rectángulos con nombres de países desconocidos. El diagrama muestra los cuatro puntos cardinales. En la parte de arriba está el Este, en la inferior el Oeste, a la derecha está el Sur y a la izquierda el Norte. Esto parece una clara indicación de que es un mapa.
Bronislav Kuznetsov en el año 1969 encontró la clave para descifrarlo, e identificó lugares reales como la ciudad persa de Pasargada (de los siglos VII-IV antes de J.C.), Alejandría, Babilonia, Jerusalén, Persia del norte, Bactriana e incluso el mar Caspio.
El descubrimiento nos proporciona la prueba de los conocimientos geográficos de los tibetanos y de sus lazos con Persia y Egipto hace muchos siglos.

En la Universidad de Yale (EE.UU.) hay un mapa fechado en el año 1.440 que demuestra de forma concluyente que los vikingos alcanzaron Groenlandia y Canadá 400 años antes de que los españoles de Colón llegaran a San Salvador en el 12 de octubre de 1.492. Según las indicaciones, los vikingos usaban para navegar piedras solares, es decir, cristales especiales que cambiaban de color al apuntarlos hacia el sol, aunque éste estuviese oculto tras las nubes.

La Academia de las Ciencias de Azerbaiján publicó en 1.964 que el erudito y astrónomo Nasireddin Tusi, del siglo XIII, tenía conocimiento de la existencia de América doscientos cincuenta años antes de Colón. Tusi aludió en un libro al país de las Islas Eternas, y nos dejó sus coordenadas geográficas. Si se trazan estas coordenadas sobre una hoja, el contorno resultante es la costa oriental de Sudamérica. ¿De dónde salió dicha información? En el siglo XIII los navíos eran aún demasiado pequeños y frágiles para una travesía transoceánica desde Gibraltar hasta Brasil.

Otro de los grandes enigmas de la historia de la cartografía nos ha sido legado por el almirante Piri Reis, cartógrafo turco del siglo XVI. Recopiló un atlas conocido como Bahriye o El libro de los mares, el cuál contenía 210 mapas excelentemente dibujados y de una exactitud inusitada.

Mapa de Piri Reis
Mapa de Piri Reis


El Museo Nacional de Turquía posee dos viejos mapas realizados por Piri Reis en los años 1.513 y 1.528, que fueron encontrados en el palacio Topkapi en 1.929. El primero de ellos corresponde a Bretaña, España, África Occidental, el Atlántico, parte de Norteamérica y el perfil completo de la mitad oriental de Sudamérica (¡incluyendo los entonces inexplorados ríos Orinoco, Amazonas, Paraná o Uruguay!).
La parte inferior del mapa muestra la línea costera de la Antártida, que se extiende hacia al Este hasta un punto debajo de África. ¡Una Antártida libre de sus hielos perpetuos!, ¿cómo es posible?
El segundo de los mapas (año 1.528) contiene a Groenlandia, la península de Labrador, Terranova, una parte de Canadá y la costa oriental de Norteamérica hasta el extremo de Florida.
Hasta el siglo pasado no fue posible realizar la proyección geográfica de estos mapas. El explorador y sabio sueco Otto Nordenskjöld empleó diecisiete años de su vida en interpretar estos mapas y desentrañar sus misterios. Su trabajo fue completado por el cartógrafo americano Arlington H. Mallery, que contó con la inestimable colaboración de la Oficina Hidrográfica de la Marina de los Estados Unidos.
Fue un completo shock para ellos descubrir que los mapas eran totalmente precisos. Las distancias entre Europa, África y América eran exactas.
Hasta el siglo XVIII los navegantes no fueron capaces de determinar la longitud (separación al Este u Oeste del meridiano 0 o Greenwich) con precisión. En otras palabras, este plano turco del siglo XVI era totalmente superior a las posteriores cartas de navegación.

Los destinos de los tres viajes que Colón realizó entre 1.492 y 1.498 fueron las actuales Bahamas, Puerto Rico y Haití/República Dominicana.
En 1.501 Americo Vespuccio navegó desde Recife (Brasil) hasta Montevideo, en el Río de la Plata. Magallanes continuó su curso en 1.519 cruzando el estrecho que hoy lleva su nombre y llegó al océano Pacífico en su vuelta al mundo. Ni Vespuccio ni Magallanes habían explorado los ríos de Sudamérica, a parte de los deltas, o llevado a cabo la más mínima exploración del interior del continente.
Pero el mapa de 1.513 muestra el perfil completo y exacto de Brasil, algo que Vespuccio no pudo haber dibujado en 1.501 ya que después de llegar a Argentina regresó al Atlántico.
El mapa fue hecho seis años antes del gran viaje de Magallanes, y detalla las playas, en esa época desconocidas, que hay entre Montevideo y la Patagonia.
Cortés llegó a México en 1.520, siete años después del mapa de Piri Reis. Pizarro ocupó Perú en 1.531, dieciocho años después del mapa.
La Antártida fue descubierta en el siglo XIX, y su cartografía sin hielo despista a cualquiera, pero se ha confirmado que es totalmente exacta en lo que se refiere a su masa de tierra.

El enigma de los mapas del almirante Piri Reis sigue siendo un gran desafío de la Ciencia. ¿Quién realizó las exploraciones necesarias para dibujar esos mapas con tanta precisión? ¿Con qué material técnico contaban?
En su libro La cambiante corteza de la Tierra, Charles Hapgood expone: “Este trabajo cartográfico sobre la Antártida fue ejecutado indudablemente cuando el territorio estaba libre de hielos”. En ese caso, los mapas de Piri Reis serían copias de otros aún más antiguos, miles de años en realidad. El cartógrafo americano antes mencionado, Arlington Mallery añade otra piza de misterio al asunto al preponer que “no se puede entender tamaña exactitud en estos mapas sin el uso de un aeroplano”.

Aunque alejado del tema que estamos tratando, queremos traer a colación en este momento otro libro que ha generado mucho misterio y controversia, tanto como los mapas de Piri Reis, y ésa es precisamente su relación. Nos referimos al Manuscrito Voynich.

Páginas del Manuscrito Voynich
Páginas del Manuscrito Voynich


El coleccionista de antigüedades Wilford Voynich descubrió en 1.912 un documento en el interior de un cofre cerrado, en un antiguo castillo cerca de Roma, y de ahí le viene el nombre.
Pero anteriormente, en el año 1.665 el manuscrito estaba en posesión del jesuita Atanasius Kircher. Él lo recibió de un amigo junto a esta nota: “Esfinges como ésta no obedecen más que a su dueño”.

El manuscrito es en efecto tan misterioso como una esfinge. El profesor William Romaine Newbold, de la Universidad de Pensilvania, realizó un intento para interpretar el mensaje cifrado de este libro, pero sus conclusiones fueron rechazadas por los especialistas.
Los expertos criptógrafos que fueron capaces de desentrañar las claves cifradas de los mensajes de guerra de la Alemania Nazi y Japón, no pudieron hacer nada para “leer” el Voynich. Se intentó incluso con una computadora de última generación para tratar de resolver el problema de su interpretación, pero el misterio aún sigue en el aire.

El Manuscrito Voynich tiene más de doscientas cincuenta páginas. En la mayor parte hay diagramas en color con textos al pie. También hay treinta y tres páginas que sólo tienen texto.
El profesor Newbold indicó que el origen del libró estaba en el siglo XIII por el pergamino, la tinta y el estilo de los dibujos. Otros expertos lo fechan en torno al 1.500.
En las páginas del libro hay temas botánicos, astronómicos, farmacéuticos y biológicos. En algunos gráficos se pueden ver secciones transversales de hojas y raíces que sólo pueden ser observadas mediante un microscopio. ¡Pero el microscopio no fue inventado hasta el siglo XVIII!
Otra imagen muestra una espiral de ocho brazos, una masa nebulosa con estrellas en su centro, y algo escrito en ella. Según la interpretación de Newbold, ese texto dice que el objeto dentro está dentro de un triángulo formado “por el ombligo de Pegaso, el cinto de Andrómeda y la cabeza de Casiopea”. La constelación de Andrómeda es invisible como espiral si no se usa un potente telescopio. Pero si en esa época no había telescopios, ¿cómo pudo el autor observar dicha galaxia?

Hace pocos meses los actuales dueños del manuscrito, que está en la Biblioteca Beinecke de la Universidad de Yale, han autorizado la reproducción facsímil del original a la editorial Siloé, (http://www.siloe.es/) de Burgos (España). Dicha empresa está especializada en hacer facsímiles de grandes manuscritos del pasado. Tal vez así, con una mayor difusión de esta obra, su misterio pueda ser finalmente revelado.



Bibliografía:
La conexión cósmica - Carl Sagan
Alquimia - Titus Burckhardt
Astronaves en la Prehistoria – Peter Kolosimo
El Mago - John Fowles
El Gran Arte de La Alquimia - Jacques Sadoul
El Mensaje Oculto de La Esfinge - Colin Wilson
Enigmas Arqueológicos - Luc Burgin
Enigmas Sin Resolver – Iker Jiménez
La Arqueología Misteriosa - Michel Claude Touchard
Profeta del Pasado - Erich Von Daniken
Shambhala - Andrew Tomas
Stonehenge - Fernand Niel
Enigmas De La Historia - Taylor Jeremy
El retorno de los brujos – L. Pauwels y J. Bergier
Recuerdos del futuro - Erich von Daniken
Dioses, tumbas y sabios – C.W. Ceram


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