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lunes, 6 de julio de 2015

El Oráculo del I Ching: Después de la Consumación



El mensaje de la semana a través del I CHING: Después de la Consumación (63)

El trigrama superior simboliza el Agua, lo abismal, el peligro, lo emocional.

El trigrama inferior representa el Fuego, asociado a lo que es esclarecedor, comunicativo e inteligente.

En este caso el agua arriba y el fuego abajo parece un indicativo claro de precaución, ya que agua y fuego están juntos pero bajo control.

Que el agua esté arriba significa que el ser humano siempre está pendiente de los peligros que le pueden acechar y por eso se protege.

El agua cae entre rocas y barrancos, fluye y todo lo inunda, no importa lo tortuoso del camino ni los peligros que encierre, se relaciona con lo exterior, lo que se manifiesta. Pone fin al ciclo Yin.

El fuego desprende luz y calor de dentro hacia fuera, mutando en un cambio constante. Se vincula con lo interior y finaliza el ciclo Yang.

En este hexagrama se une la luz interior al cambio constante hacia el exterior; tomamos conciencia de los hechos y de nosotros mismos y nos ponemos manos a la obra.



Oráculo del I Ching, 63 Después de la Consumación


En la imagen aparecen tres monjes vigilando desde cierta distancia una olla con agua que está colocada en una pértiga sobre el fuego.
Esta acción aparentemente controlada no está exenta de peligros y requiere cierta vigilancia y control.

Si el agua asciende y se derrama, el fuego se apaga perdiendo así la fuente de energía, pero si el fuego es muy fuerte puede hacer que el agua y también la energía se evaporen y disipen por el aire.

Recordemos que agua y fuego son opuestos y por lo tanto enemigos.

Lo mismo nos ocurre a nosotros en cualquier asunto, cuando todo está en perfecto equilibrio y armonía porque las fuerzas contraponen, es el momento de prestar especial atención a ese orden aparente para no perderlo por un descuido. 

Cuando hemos alcanzado la cima del éxito en cualquiera de nuestros proyectos, deberíamos hacer como hacen los montañeros, descender un poquito, alejarnos de la cima y buscar una zona más llana y predecible donde reponer fuerzas o pasar la noche para así al día siguiente, realizar el descenso o el cambio de ruta con todas las fuerzas tanto físicas como mentales renovadas.

Debemos ser inteligentes para que el éxito no emborrache nuestra mente, porque por inconsciencia y soberbia podemos caer en trampas puesta por personas avariciosas que sólo quieran aprovecharse de nosotros y de nuestro momento de éxito para hacernos caer en lo más profundo del abismo.

Tenemos que hacer nuestro camino de la mejor manera posible, con la mejor de las intenciones, pero no pensando en la perfección del éxito, porque en la realidad el éxito sólo es la consecución de todo nuestro esfuerzo para llegar hasta él.

Recordemos la idea inicial por la que empezamos a hacer el ascenso y quedémonos con las experiencias del camino y el aprendizaje que nos ha dado, sin orgullos ni entusiasmos excesivos, ese será nuestro mayor logro.



Tenemos que sentirnos bien por nuestras hazañas y por lo que vamos construyendo y alcanzando, porque es fruto de nuestro esfuerzo y constancia, disfrutemos de la dulzura del momento y ya sabéis lo que se dice “lo importante no es tanto llegar como mantenerse”.

El éxito es como un iceberg, sólo se ve el logro pero la parte que permanece bajo el agua es donde está el esfuerzo, la dedicación, el entusiasmo, los riesgos y el sacrificio e incluso los miedos.

Cuidemos cada día los pequeños detalles en todo lo que hacemos, mantengamos nuestro compromiso y esfuerzo y así garantizaremos si no el éxito, un paso más afianzado y seguro para el día siguiente.

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